Lleva la emocion del casino a todos lados con el mejor casino movil en Argentina. Juga en Sloterias!
Tragamonedas, ruleta y mas desde tu celular, en pesos argentinos, con retiros rapidos y bonos exclusivos.
¡Registrate y empeza a ganar estes donde estes!

La Provincia de Buenos Aires es la única en el país que tiene un Ministerio de Mujeres y Diversidad. Estela Díaz es la titular del ministerio y el jueves pasado, en el marco del 8 de marzo encabezó un encuentro en el Teatro Argentino del que fueron parte 2500 mujeres y LGTBI+.
Participaron además funcionarias y funcionarios de la provincia, miembros del Poder Judicial, autoridades y equipos de las áreas de género de más de 50 municipios bonaerenses. “Hace seis años que venimos trabajando para sostener y construir herramientas por la igualdad. Hoy el Estado nacional abandonó a las mujeres y a las diversidades”, afirma.
-¿Cómo se vivió el proceso para llegar a este 8M?
-No es cualquier 8M. Este es el año de los 50 años del golpe que dio lugar a la última dictadura cívico militar, el horror más extremo y violento que vivió la Argentina. Y además un momento inaugural de un modelo económico afín a los preceptos que lleva el gobierno actual. Acaba de consumarse retrocesos en derechos en el Congreso de la Nación, que son históricos por lo malos, como la Ley de Glaciares, la baja de la edad de imputabilidad. Y una reforma laboral que se mete con la justicia del trabajo, y el desfinanciamiento de la seguridad social. Cuando pensamos en el 8 de marzo, la fecha que da origen a este día, tiene que ver con una lucha laboral de trabajadoras textiles que discutían la reducción de la jornada laboral. Así que estamos 120 años atrás. Es una reforma que no tiene nada de modernizadora, atrasa, destruye y abandona. Y para las mujeres que somos quienes principalmente cuidamos, es profundizar las brechas de desigualdad. Somos afectadas directas. Están robándonos tiempo de trabajo y están expulsándonos del mercado laboral. La brecha de participación es importante y la salarial es enorme en la Argentina. Todo eso va a ser peor, solo hay que mirar en nuestra historia de los 90.
-¿Cómo ves al movimiento feminista y transfeminista enfrentando todo esto?
-El movimiento está expectante y presente. Pero más allá de la militancia y el activismo, es interesante ver cómo están las mujeres en los territorios. Seguimos siendo las que fundamentalmente confrontamos con las derechas. Somos las que menos votamos a Milei, -lo dicen todas las consultoras-, porque las mujeres, como en todas las crisis, son las que sostienen redes, alianzas, encuentros, ámbitos comunitarios, espacios de sostenimiento básico de la vida. Ahí creo que hay una fuerza de resistencia, de encuentro y de organización. Por ahí, no nos estamos viendo masivamente en las calles porque hay repliegue, hay temores, hay amenazas. Somos un sector castigado y estigmatizado. Hay una violencia política que además de las redes lo vemos de manera exponencial y a pesar de ello, no nos desmovilizamos. Me parece que hay que mirarla en muchas dimensiones el estado de las mujeres, de los feminismos, de los transfeminismos, de las colectivas, de la diversidad.
-Las convocatorias para las asambles en este 8M fue de las mujeres trabajadoras organizadas, ¿cómo viste esta convocatoria?
-En Argentina tenemos un feminismo sindical y un sindicalismo fuerte, comprometido con una perspectiva de clase popular, de defensa de los intereses de los trabajadores, que es ejemplo en el mundo. Y que lo quieren destruir. A ellos no les preocupa un sindicalismo que pacta con ellos. Lo que le preocupa es el que defiende los intereses de su clase y de sus representados y representadas. Y ese sindicalismo en Argentina tiene una fuerte tradición. Y que además se ha renovado en los últimos 15 años, sobre todo del 2015 para acá, con un feminismo sindical muy potente. En tiempos de de crisis, de gobiernos antipopulares como el que tenemos ahora es necesaria una fuerza de organización, de capacidad de convocatoria, y de sostenimiento de organizaciones que trascienden los tiempos. Cuando el Estado confronta, enfrenta, ataca, como en este caso, ese sindicalismo popular y feminista está ahí, siendo un dique de contención, y sobre todo de posibilidad de organización.
-Viene de la mano también con la reforma laboral
-Durante la discusión de la destrucción de derechos laborales que acaban de sancionar en el Congreso Nacional, todas organizaciones y centrales sindicales que la han confrontado, no solo estaban en contra sino que planteaban discutir la reducción de la jornada laboral, la inclusión de las políticas de cuidado. Por la ley de contrato de trabajo, un padre tiene dos días tiene cuando nace un hijo. Más retrógrado que esto, no hay. Ni siquiera se condice con las prácticas que los papás hoy tienen en el cuidado de sus hijos. Entonces hay un planteo cuyo eje es poner los nuevos derechos del trabajo y el reconocimiento de que trabajadores y trabajadoras necesitamos cuidados. Necesitamos reducir las desigualdades y eso lo dijeron todos los dirigentes sindicales. Y ese es un gran triunfo del sindicalismo feminista.
–¿Cómo impactaron desde lo simbólico los retrocesos en políticas públicas del gobierno en la sociedad?-Hay que pensar en muchas dimensiones esa respuesta. Una cosa son los núcleos más duros del activismo libertario, de la extrema derecha y otra cosa es la que pasa en la sociedad más en su conjunto. No hay una adhesión a todos los preceptos de esta extrema derecha. Podemos verificarlo en la Provincia de Buenos Aires respecto a que nuestras políticas se siguen implementando y siguen siendo demandadas en todos los territorios, incluso en donde no gobierna nuestra fuerza política. Lo vemos cuando llevamos políticas como la de gestión menstrual o la formación en educación sexual integral. En otro orden, las líneas que trabajan en la autonomía económica y emprendimientos productivos. Hay aceptación. Si hubiera rechazo a esas políticas nosotras no podríamos trabajar con los municipios y esto no ocurre.
Siento que hay una disputa muy abierta por los temas de fondo. Que ellos quieren llevarnos a mayores retrocesos. Quieren ganar las conciencias para instalar el individualismo, el salvese quien pueda, a que importe lo que le pasa el otro o a la otra. Pero eso no es parte de nuestra historia ni nuestra cultura. No es parte de nuestra identidad fundamental, que es más bien solidaria, comunitaria y participativa, y esa identidad sigue estando presente en un momento de enormes dificultades.
–¿Cómo creés que el movimiento transfeminista tiene que hablarle hoy a la sociedad?
-Tenemos que poner en el centro los debates de las cuestiones que nos acucian a la mayoría. El tema del trabajo, de los ingresos, de las viviendas de consumo, de los temas de salud mental, de nuestras infancias de las oportunidades para el desarrollo. O cómo nuestra juventud tiene proyectos de futuro. Hay que estar ahí. Nosotras tenemos un feminismo popular en Argentina que es muy intergeneracional, en otros países esto no ocurre. Tenemos que mantener un diálogo con todas las edades y con todas las luchas. Hay mujeres afectadas, jubilados y jubiladas, personas con discapacidad. Se destruye la ciencia y la universidad. En todas esas luchas tenemos que estar poniendo el centro y nuestra voz. Es nuestra causa. La causa de las condiciones cotidianas de la vida es la que debe ser prioritaria. «